Dr. Ciro Zapata Lara
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Miguel Zapata Rosas
Director
Casa de Cultura
Dr Ciro Zapata Lara
Zacapala, Puebla

SOMBRAS EN EL CURATO

En el año de 1930 mi padre el Dr. Ciro Zapata Lara era aun joven y daba su servicio como sacristán en el curato.  Cierto día cuando ya se hacían  preparativos para la celebración de Todos Santos, en el amplio corredor que daba hacia el patio, se ocupaba en limpiar floreros y candelabros, al levantar la vista vio a través de la puerta abierta del comedor, cruzar  a paso tranquilo  una mujer joven y hermosa. Era el medio día, Pudo verla con claridad. Recordaba su largo pelo negro que a su espalda caía sobre un vestido blanco salpicado de pequeñas florecitas de colores. Intrigado  se quedo viendo la puerta de la estancia  por donde necesariamente tenia que pasar si se  dirigía al cuadrante done se encontraba el señor cura, Pero la hermosa joven nunca paso. Aprovechando que ya tenia que irse a comer y teniendo metida en la cabeza la imagen que vio en el comedor, entro al cuadrante para avisar al padre que se iba a comer y luego regresaba, titubeando le pregunto: Padre creo que tiene usted visitas, o quien vino hace un rato a buscarlo. -No, no ha venido nadie. Por que.

-Es que vi a alguien en el comedor. Entre a buscar pero no hay ninguno.

-Pues entonces se te figuro.  Mira, horita que te vas poray  avísale a Epitacio que baya aquí con Don Aniceto García a traer otra carga de cojollo de caña, porque ya no hay pastura para el caballo.

Mi padre decía que llego a casa tan intrigado con la imagen de tan hermosa mujer, que acabo por contarle a su madre lo sucedido. A lo que ella le contesto: Pues que raro, fíjate  que doña Leonor Sosa, ayer que fuimos a hacer nuestra oración al Santísimo, me conto que su hijo Aniceto  ha visto esa mujer en los cuartos del curato. Hasta creo que por las señas que me das, pos es la misma.

Paso el tiempo y mi padre olvido la imagen de la misteriosa doncella. Esta vez aunque sabia que el padrecito no estaba, fue para hacer el aseo de la oficina o cuadrante. Le extraño que la puerta estuviera abierta, y sin mas vio avanzar por el cuarto la misteriosa mujer que el ya conocía. Dice que se fue directo a la oficina para encontrarse con ella, pero dentro no había nadie.  Sentíase seguro de haber visto a una persona de carne y hueso, tenía que haberse ocultado en alguna parte, pero no estaba, había desaparecido.

Cuando según  ya había terminado su labor, vio que había aun polvo y telarañas que sobresalían de los cuadros colgados de la pared y se puso a limpiarlos. Para luego volverlos a poner en su lugar, fue cuando comprobaba que los cuadros estuvieran alineados que descubrió con asombro  que en el cuadro que acababa de colgar estaba fielmente estampada la imagen de la misteriosa mujer. Se sobresalto y un extraño temor invadió su cuerpo. Su primer impulso fue salir corriendo pero se sobrepuso recordando que aquella mujer no podría hacerle ningún daño, el padrecito una vez le había dicho que ese cuadro se llamaba L a Virgen del Misterio. Reponiéndose de su asombro se persigno  y se postro recitando una oración. Después, aun con cierto temor en el cuerpo, muy despacio fue saliendo del cuarto como no queriendo perturbar a la doncella. Las únicas personas que en su momento  conocieron el secreto de mi padre fueron su madre y el padrecito, quien al escucharlo le dijo: esto que te ha pasado a ti, ya le ha pasado a otras personas. No te decía nada porque  tu solo la reconocerías en el cuadro, además yo estoy constantemente aquí y nunca he visto nada.

-Pero  Padre, por que nunca nos ha hablado de la Virgen del Misterio.
 
Porque no existe. Un pintor amigo mío y sintiéndose muy satisfecho de su obra, me regalo el cuadro, y me dijo que le había llamado La Virgen del Misterio. Y como vez, si que tiene su misterio y yo a lo mejor, nunca lo sepa,  pero como Virgen María, no existe.

En el curato había varias pinturas valiosas, entre ellas una a medio cuerpo que representaba a  la Inmaculada Concepción y un retrato magistralmente logrado del Arzobispo Don Melitón Vargas. Pero nuestra Parroquia como otras tantas, no ha escapado de los saqueadores de templos y se han perdido valiosísimas obras de arte, entre ellas La Virgen del Misterio.

Nota: otras personas más aseguran ver visto esta misteriosa mujer en los cuartos antiguos del curato entre ellas Don. Luz Méndez y Don. Pedro Orea.

 

 

Fin