Dr. Ciro Zapata Lara
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Miguel Zapata Rosas
Director
Casa de Cultura
Dr Ciro Zapata Lara
Zacapala, Puebla

EL EXORCISMO

En el rancho el naranjo, jurisdicción de tepexi de Rodríguez, vivía el señor Manuel  García, y la gente que lo conocía comentaba de este desparpajo con que hablaba y vivía, era por que hace años había echo pacto con el diablo en el entonces famoso Tepexi el viejo. Los hijos de don Manuel fueron Raymundo, Juan, Leopoldo y Carlota. El señor repudiaba todo lo que oliera a religión, pero su familia viéndolo muy enfermo y con la esperanza de que al fin de su vida tuviera arrepentimiento, convinieron en llamar al sacerdote y lo confesara, siendo Juan el encargado de ir por el.
Con ellos se encontraba  el señor marcos negreros Bravo, del Rancho Guadalupe Hidalgo, quien se había hecho compadre de Leopoldo y es quien conto la historia.

Del Rancho el Naranjo a Zacapala dista unos diez quilómetros. Y bien sabían que en lo que Juan localizaba al Señor cura y volvía tardaría no menos de dos horas.

Por lo que se admiraron cuando vieron a Juan y al señor Cura llegar, cuando había transcurrido menos de una hora.
El sacerdote se apeo del caballo diciéndole a Juan que los paseara por que estaban muy sudados, se extendió la sotana que tenia arrollada a la cintura q alzo la mano indicando que lo aguardaran afuera, y que el entraría a confesar al enfermo. Nadie entro pues sabían que l a confesión es algo íntimo. –en secreto. Mas bien se alegraron de que el anciano al fin de su vida arreglara sus  cuentas con Dios, pues siempre había renegado delos curas. Al poco rato el supuesto cura salió. Ellos con atención lo invitaron a que pasara a la cocina a tomar algo, todavía Juan les dijo “tengo que encaminarlo después regreso” había pasado una media hora cuando por la  misma vereda que viene el camino real a Zacapala, vieron venir al señor cura acompañado de Juan, extrañándoles que se hubiera regresado. A lo mejor algo se le había olvidado al sacerdote, pero su extrañeza se volvió asombro cuando Juan bajándose del caballo decía: Gracias a Dios que encontré todavía al señor cura y luego nos venimos, pues cuando llegue, ya se iba a san mateo, tu carlota trainos un jarro de agua que nos venimos muriendo de sed. El señor cura tomo una jícara de agua, he hizo la señal de que lo aguardaran mientras entraba a confesar al enfermo, en eso afuera a Juan le decían.

-Haber, Juan, como esta eso de que otra vez trais al cura a confesar a papa, si apenas hace rato lo trajiste.

-¿Qué? ¿Qué yo traje? Están soñando, ni que Zacapala estuviera aquí a la vuelta.

-Pues si, lo trajiste y entro a confesar a papa.

“Juan iba a contestar algo pero ya no pudo, un grito ahogado les llamo la atención, luego ruido de cosas que caían y se quebraban,

Corrió hacia donde estaba postrado el enfermo y los demás fuimos tras el, dice don marcos, y todos nos asustamos. ¡Era el agonizando- de que había derribado  al Sacerdote y trataba de estrangularlo! Con trabajo le separarnos las manos pero tuvimos que intervenir todos para sujetarlo y volverlo a la cama donde no se le podía contener, pues ahora tenia una fuerza descomunal”. En su boca ardían las injurias y blasfemias… El sacerdote invocaba a la santísima Trinidad, después en el nombre de Jesús ordenaba al demonio abandonar el cuerpo del enfermo, pero este seguía con improperios y salivazos… Y dice don Marcos “Era tan difícil contener el cuerpo esquelético del anciano, que sus pobres hijos se vieron en la necesidad de sujetarlo a la cama con una persoga que encontré en el patio…” El sacerdote seguro libraba una lucha interior del todo extraordinaria y su mente irradiaba energía en todo su potencial, pues mientras sujetaba el Crucifijo con sus manos y despacio se iba acercando al enfermo, un copioso sudor invadía su rostro. De pronto el enfermo cambio de actitud. A la invocación del señor cura la presencia del Cristo parecía atemorizarlo, se encogía contrayéndose y los ojos desorbitados se le querían escapar, su quijada se le paralizo, no profería palabras y copiosa espuma salía de su boca. Su rostro reflejaba miedo, mas bien terror conforme el Cristo se iba acercando a su cara. Se contorsiono con increíble fuerza y una especie de aullido salió de el a tiempo que se desmadejaba en su lecho. Los maderos del techo rechinaron y la choza se estremeció. Arriba se escucharon ruidos extraños como si muchos animales se revolcaran en el techo de la casa…. Don Manuel García había muerto. El padre Abundio llego a su curato ya entrada la noche, con la ropa mojada, pues en su extraordinaria lucha no solo había sudado su frente, si no traspirado todo su cuerpo y estaba demasiado débil. Su estado de salud se afecto muchísimo y ya no podía atender las comunidades lejanas, pero se esforzaba en la misa diaria y dirigir el santo Rosario por las tardes. Un día su sobrino Fausto Hernández Espinoza vino para llevárselo, era el 5 de octubre de 1941.

 

Fin