Dr. Ciro Zapata Lara
correo electronico facebook twitter

Miguel Zapata Rosas
Director
Casa de Cultura
Dr Ciro Zapata Lara
Zacapala, Puebla

EL OTRO CRISTO

Este es un acontecimiento ocurrido en nuestra parroquia hace muchos años, por lo que no es extraño que en nuestros días ya casi nadie lo recuerde.

Dice don Modesto Tobón Montero, maestro de las personas que hoy son adultos en nuestro pueblo, que su abuelo don Nazario le contó  que una nochecita cuando  todavía se entretenían platicando sentados en su silla a orillas de la calle, como era la costumbre en su tiempo,  vieron que a paso cansado se acercaba un jinete, aunque ya estaba oscuro por el caballo Alazán era imposible no reconocerle, era el padre Corichi.

El padre Corichi era un hombre alto y fuerte, pero esta vez debía sentirse muy mal ya que con dificultad podía sostenerse de la montura. Ellos dijeron vamos a ayudarle de seguro no se va a poder bajar del caballo.

Entraron al patio del curato tras el padrecito y don Nazario corrió a sostener la rienda del animal mientras se apeaba el señor cura, le vieron el rostro golpeado y sus vestiduras con sangre ¿Qué le paso padrecito? ¿Le tumbo el caballo?

-Por favor tu Nazario arregla el caballo en su lugar y échale algo de pastura.

Pero los demás insistían: pero padrecito ¿Por qué viene así de lastimado?¿que le paso?.

-Estén tranquilos ya estoy bien. Vengo de representar la pasión de Cristo en un pueblo lejano

El Sr cura se fue caminando en dirección a la puerta del curato y lo perdieron de vista. Cuando don Nazario y su hijo Celso  regresaban de arreglar el caballo los demás muy juntos platicaban.- De seguro mañana nos vamos a quedar sin misa de gloria.

-Pos claro así como esta, que va a poder celebrar.

Tu. Pero yo sigo pensando que algo feo le paso, por que a el no es tan fácil que lo tumbe el caballo.

-No, pos no.

-Ho a lo mejor algunos canijos le pegaron, con eso de que hay tanto diablo suelto.

-Pero ya ven, no nos quiso decir nada. Miren, ya prendieron el candil en la cocina.

-Si, pos es   que su hermana Lupe le va a dar algo de cenar.

Al  día siguiente la matraca muy puntual llamaba a misa de gloria.

La noticia de que el Sr. Cura estaba lastimado ya había llegado a muchas personas por lo que en el tempo se esperaba con curiosidad la entrada del celebrante.  Las personas se miraban entre admirados e incrédulos al ver entrar al padrecito precedido por  sacristanes y apóstoles  caminando erguido y a paso firme y hasta sonriente como todos los días. Algunas mujeres no podían ocultar su asombro  y medio ocultas en su reboso se decían: -No dices que estaba rete lastimado el padrecito y mira. – Pos te aseguro  que es cierto,  yo mismita lo vi.

-Pos ¿quien sabe como esta esto? pero de que anoche estaba herido. Estaba herido.

Cuando  el padrecito paso entre la gente rociando al pueblo con el agua vendita lo miraban con atención para cerciorarse del rastro que en su rostro dejaran las  heridas, pero el padrecito al contrario ahora se le veía tranquilo y sonreía  al ver el efecto que producía al caer el agua en el rostro de sus fieles .

Terminada la celebración las campanas aún seguían sonando  en la torre del templo, la música continuaba tocando en el atrio,  pero en el patio que da frente a la sacristía, un buen numero de personas que tenían especial estimación por su párroco, esperaban ansiosos en la puerta queriendo ver salir al  Sr. Cura.  Cuando al fin salió, le volvieron a preguntar casi con impaciencia  ¿padrecito como se siente?  Anoche le vimos en tan mal estado  y no entendemos que es lo que le paso, díganos padre.

Pero es que a mi no me paso nada. En la tarde llegue tan cansado porque en San Mateo se me escapo el caballo, me tuve que venir caminando. Nomás me tire en el catre y me dormí. Solo me pare en la noche para tomarme unos tragos de café y me volví a acostar. Ahora ustedes me salen con cosas que no entiendo. ¡De que me hablan!

-Pero ¿Cómo no Padre?  Si anoche le vimos llegar tan lastimado de la cara y la ropa llena de sangre.

En eso en el patio relincho el caballo -¡Mi caballo ya esta aquí!

-¡Pero padrecito!, ¿Si usted mismo anoche me dijo que lo desensillara  y le echara de comer!

El Sr. Cura mirando el caballo y visiblemente perturbado exclamo –¡Ese fue mi Cristo! ¡Otra ves mi Cristo!  Y volviéndose de prisa se dirigió otra vez al templo.

 

Fin